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sábado 27 de octubre de 2007

CHRISTINE DE PIZAN, O LA EXPRESIÓN DE LOS VALORES EN FEMENINO

Movido por el interés despertado en mí por mi Q:. H:. José Martí, me atrevo a hacer una breve incursión en la vida de esta escritora singular.
Christine de Pizan, Christine de Pisan o Cristina de Pisa (1364-1430 d.C.), fue sin duda una mujer especial, y puede ser considerada una de las cumbres de la intelectualidad del medievo. Era hija de Tomasso de Pizzano (médico, astrólogo y profesor de la Universidad de Bolonia), y de una hija del famoso anatomista Mondino de Luzzi, cuyo nombre desconocemos. Christine nació en Venecia, ciudad de la que salió con tres o cuatro años rumbo a París, cuando su padre se incorporó a la corte de Carlos V de Valois.

A partir de ese momento, su vida en palacio le permitió acceder a la biblioteca real y a los intelectuales que rodeaban al monarca, lo que le fue dotando de una sólida formación. Este hecho era bien visto por su padre, pero no por su madre, contraria a la formación intelectual de las mujeres. Además, su relación con la intelectualidad italiana vinculada a su padre, le convirtió en la conexión en Francia con las nuevas ideas humanistas que se forjaban en el "quattrocento". Casada a los quince años, a la fuerza pero no con desagrado, con Etiénne Castel, fue madre de tres hijos. Sin embargo, su matrimonio duró poco, pues a los veinticinco años quedó viuda, endeudada, huérfana de padre, sin herencia (por ser mujer), y bajo la custodia legal de su madre.
Sus esfuerzos en los tribunales por heredar las propiedades de su marido no obtuvieron frutos, de manera que todo quedó en manos de sus acreedores. Stephanie Evans (2003: 103) afirma que en su obra “Livre de la Mutation” dice: "que en esta época se volvió “hombre,” porque tenía que actuar como un hombre para poder ocuparse de su familia y de sus finanzas".
Decidida a no casarse de nuevo (Seulette suy et seulette vueil estr -solita estoy y solita quiero estar-, dice en sus poemas), dedicó su tiempo al estudio y la escritura, dispuesta a vivir de su propia obra. Diez años dedicó al estudio y la adquisición de conocimientos. Pronto, su obra comienza a difundirse, no solo en Francia, sino también en otras cortes europeas. Escribe primero baladas tristes por la muerte del amado; pero pronto afrontará temas de Historia, Política, así como reflexiones sobre la condición de la mujer.
La mujer y su condición será un tema de reflexión ampliamente abordado por ella , de modo que se convierte en la iniciadora de lo que se conoce como la Querelle des Femmes, que, según Carolina González Perancho, fue "un movimiento de defensa de la mujer llevado a cabo por diversas intelectuales del momento y que surge a raíz de su obra Cartas de la Querella del Roman de la Rose (1398-1402) contra la segunda parte de esta obra escrita por Jean de Meun, donde el autor ataca duramente a las mujeres".
Luego vienen los tiempos difíciles. En 1407 comienza en Francia la guerra civil entre los Armagnac y los borgoñones. En 1411 Christine huye a Poissy, donde se refugia en el convento donde está su hija. En 1415, Inglaterra invade Francia, ocupando París con la consiguiente muerte o y exilio de sus amigos y protectores. Durante quince años se mantendrá en silencio, hasta que Juana de Arco haga triunfar las huestes francesas y Christine le dedique un poema laudatorio. Allí, en Poissy, murió en 1430, a los sesenta y seis años.
Como escritora abordó todos los géneros de su época, compuso más de 15.000 versos, prosa y tratados científicos y morales. Pero lo más novedoso fue siempre su encendida defensa de la dignidad de la mujer, su ataque a la misoginia de los hombres y de su hipocresía en el trato a las mujeres de su época. Por sus valores, por su rectitud moral y por equidad, Christine de Pizan es un personaje increíblemente moderno y digno de ser rescatado del olvido.

viernes 1 de junio de 2007

MASONAS ILUSTRES: CLARA CAMPOAMOR EN EL 35 ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

EL DELITO LEGALÍSIMO DE SER MASONA


Este mes destacamos en esta tribuna a una de las mujeres más sobresalientes del siglo XX español, una de las pioneras en la defensa de los derechos de la mujer en nuestra sociedad, un ejemplo para muchos entonces y ahora: Clara Campoamor.
Clara Campoamor nació en Madrid el 12 de febrero de 1888. En 1901, al morir su padre, comienza una vida de lucha continuada ayudando a su madre, modista, a llevar la ropa terminada a sus clientes. Siempre en plena autosuperación, trabajó luego como dependienta en un comercio, obtuvo por oposición una plaza como auxiliar de Telégrafos en San Sebastián en 1909 y, en 1914, obtuvo el número una para una plaza de profesora en la Escuela de Adultos en el Ministerio de Instrucción Pública, labor que compagina con tareas de traductora y la secretaría del diario La Tribuna. Retoma el Bachillerato y, una vez terminado, se matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, algo insólito entre las mujeres de su tiempo, de manera que en 1925 ya la encontramos ejerciendo como una competente jurista.
Por aquel entonces comienza su actividad política en defensa de los derechos de las mujeres desde el Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista y, posteriormente, en la Acción Republicana de Manuel Azaña. En ambas formaciones políticas, Campoamor se dibuja como una defensora del republicanismo progresista, en un momento en el que la dictadura tolerada de Miguel Primo de Rivera deterioraba seriamente la monarquía de Alfonso XIII. Suya es la frase: “República, República siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos”. El primer intento de proclamación de la segunda República, ocurrido en la guarnición de Jaca en 1930, se saldó con un rotundo fracaso. Clara Campoamor asume entonces la defensa algunos implicados, entre ellos su hermano Ignacio. Por aquel entonces funda la Agrupación Unión Republicana Femenina, si bien no prospera y termina por unirse al Partido Radical de Alejandro Lerroux, con el que obtiene el acta de diputada por Madrid en las elecciones de 1931, tras la caída de Alfonso XIII y la proclamación de la II República. En el hemiciclo se encontraría con Margarita Nelken (del PSOE) y la también masona Victoria Kent (del Partido Radical Socialista). En este triángulo tenemos a las primeras diputadas de la Historia de España.


Las Cortes Constituyentes de la República se vieron ante leyes novedosas en un marco muy amplio de profundas reformas para el país. Se trata así la ley del divorcio, la que permitía la igualdad legal de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, y se discute la posibilidad de dar el voto a las mujeres, como medio de lograr el sufragio universal. Campoamor defendió siempre esa opción, pero no así Victoria Kent pues, como otros muchos diputados, temía que la gran influencia que la Iglesia Católica ejercía por entonces entre las mujeres de nuestro país favoreciese un voto mayoritariamente reaccionario en las urnas. Finalmente, por muy poco margen, se aprobó que, como en el caso de los hombres, todas las mujeres mayores de 23 años tuviesen derecho a voto. Indalecio Prieto abandonó las Cortes afirmando que aquella medida era una puñalada trapera contra la República.
¿Quiénes tenían razón? En las primeras elecciones en que hubo sufragio femenino, las de 1933, los votos se decantaron por un giro conservador para la República, y supusieron la pérdida de escaños de Kent y Campoamor. Comenzaba el bienio de gobierno de la CEDA de Gil Robles en coalición con el Partido Radical, del que Campoamor se desvincula por entonces. Muchos pensaron que el voto femenino determinó la victoria de la derecha conservadora. Se vio entonces a Campoamor como culpable de ese hecho y, con ello, llegó su defunción política. Sin embargo, en 1936 el voto femenino coadyuvó igualmente al triunfo del Frente Popular, por lo que no cabe pensar en un voto femenino controlado desde los confesionarios, como muchos se empeñaron en afirmar.


En cualquier caso, la defensa hecha por Campoamor de los derechos femeninos le pasaron factura. En 1934 no fue admitida en Izquierda Republicana, como tampoco se le admitió en las listas del Frente Popular para las elecciones de 1936. Luego, tras el golpe de estado militar del 18 de julio de ese año, Clara, amenazada en medio del terror miliciano favorecido por el colapso inicial del Estado republicano, viaja de Madrid a Alicante y, de allí, a Génova y Suiza, donde tuvo oportunidad de reflexionar, desde su sincero republicanismo y su espíritu progresista, sobre la violencia desatada por algunos en nombre de la revolución.


Tan contraria a la dictadura del general Franco como al comunismo, quiso sin embargo volver a España en 1.951, puesto que no tenía delitos que objetivamente lo impidieran. Sin embargo, el régimen franquista vetó su regreso. El Tribunal de Represión de la Masonería adujo que Campoamor era masona y había pertenecido a la Logia Reivindicación, a lo que respondió que “ser masona era un delito legalísimo” cuando ingresó en la Masonería. Se le dio la oportunidad de elegir entre dar los nombres de sus Hermanos o estar doce años en la cárcel, ante lo cual optó por permanecer en el exilio.


No se conoce el expediente de afiliación a la Masonería de Clara Campoamor, aunque Natividad Ortiz Albear, de la Universidad de Salamanca, afirma en “Las mujeres en la masonería durante la Segunda República” (XIII Coloquio Internacional de la AEIHM La Historia de las Mujeres: Perspectivas actuales, Barcelona, 19-21 de Octubre de 2006), que su presencia en las reuniones masónicas está demostrada. Afirma igualmente esta profesora que:


La otra logia de Adopción que existió en Madrid durante la Segunda República fue la logia Reivindicación que dependía de la logia Condorcet también de Madrid, que trabajaba bajo los auspicios de la federación del Gran Oriente Español. Al igual que la logia de Adopción Amor, también contó en sus filas con mujeres muy destacadas en los círculos políticos e intelectuales de la época. Estuvo muy ligada a la República sobre todo en lo que se refiere al mantenimiento de la memoria viva de los símbolos republicanos, encarnados en personajes como Fermín Galán a quien tributan un homenaje el 13 de abril de 1934.”


En esta logia trabajaron importantes mujeres, ejemplos destacados de la intelectualidad femenina de los años treinta en nuestro país (seguir vínculo al trabajo de Ortiz Albear). Vuelta al exilio, Clara Campoamor trabajó en un bufete de abogados de Lausana, y murió de cáncer en abril de 1972 con 84 años.

lunes 7 de mayo de 2007

HOMBRES Y MUJERES DESTACABLES: TEÓN E HIPATIA DE ALEJANDRÍA


En este mes de mayo hemos destacado a una pareja en nuestro blog: Teón e Hipatia de Alejandría. Y es nuestra intención que cada mes hagamos este interesante ejercicio. Teón (o Theón), matemático, astrónomo y astrólogo alejandrino del siglo IV d.C. (335- c. 405 d.C.), fue uno de los grandes profesores de la Antigüedad y, probablemente, el último director del Museo de su ciudad, una de las principales instituciones científicas del Mediterráneo durante el reinado del emperador Teodosio. Buscador de la verdad, fue un estudioso de la Geometría, la magia y los saberes herméticos. Fue un gran sabio, cuyos comentarios a las obras del Almagesto de Ptolomeo, de Arquímedes y de Herón fueron famosos. Se le considera igualmente responsable de la refundición de la Teoría de los Elementos y de la Óptica de Euclides. Pero, sin duda, su gran obra fue su hija Hipatia, de la que fue su primer y principal maestro.

Hipatia, que significa "la más grande", fue considerada ya en su tiempo una mujer atípica y excepcional. Culta, inteligente, hábil con la palabra, independiente, prudente y de gran belleza, fue sin duda la mayor científica de la Antigüedad clásica; una mujer a la altura de cualquier hombre de ciencia de su tiempo, en una sociedad y un campo de trabajo generalmente hostiles a lo femenino. Nació hacia el 370 d.C. en el Egipto romano. Como discípula de su padre -con quien fue coautora de diferentes trabajos-, sobresalió como matemática (a ella debemos el conocimiento de la obra de Diofanto, el padre del álgebra), y astrónoma (fue una hábil constructora de instrumentos astronómicos). Además, como seguidora de la escuela neoplatónica, fue una firme defensora de la Razón frente a la superstición. A ella se debe la frase: "resérvate el derecho de pensar, porque incluso el pensar equivocadamente es mejor que no pensar en absoluto". Como creadora de una escuela de matemáticos y astrónomos, así como por ser mujer de gran influencia sobre la clase intelectual alejandrina de su época, suscitó el odio del oblispo Cirilo pues, además, era pagana y una gran conocedora de diferentes religiones. Por si esto fuera poco, Hipatia apoyó a Orestes, prefecto romano de la ciudad, frente a las pretensiones de Cirilo de controlar la vida de la urbe. Fue acusada de brujería y satanismo por Cirilo, quien promovió finalmente que una turba enfebrecida la secuestrase, lapidase e incinerase hacia el 415 d.C. El fanatismo se imponía una vez más a la razón y la tolerancia. Hipatia es considerada hoy un símbolo de la libertad de pensamiento, del presominio de la razón frente a la ignorancia y la superstición, así como de la emancipación de la mujer.

viernes 4 de mayo de 2007

CATORCE MUJERES EN LA HISTORIA DE LA MASONERÍA CANARIA

PLANCHA DEL H:. KIPLING
Muchas veces hemos referido en este taller (Pensamiento) la importancia histórica que tiene el hecho de haber levantado las columnas de una L:. en la que han tenido cabida nuestras Hermanas, con plenos derechos y garantías, rompiendo así con una tradición basada en costumbres impropias de nuestros tiempos. Sin embargo, haciendo honor a la verdad, las Hermanas de nuestro taller no han sido las primeras masonas que recibieron la Luz en estas islas. Si rastreamos en los anales de la Masonería canaria, encontraremos los nombres de otras catorce mujeres que, entre 1882 y 1913, se sentaron en las columnas de diferentes talleres de Gran Canaria y Tenerife. La obra más completa sobre la Historia de la Orden en nuestras islas se debe a Manuel de Paz Sánchez. Su Tesis Doctoral[1], hoy descatalogada, recoge una visión exhaustiva del devenir de los talleres canarios entre 1739 y 1936. Dicho texto se completa con un pequeño resumen, firmado por Manuel de Paz y Emilia Carmona en 1995, en el que se desarrollan algunas cuestiones, entre ellas la presencia de mujeres en los talleres canarios[2]. Esta plancha, que se basa en los datos recogidos en ambos textos y no pretende ir más allá de la revisión bibliográfica, va dedicada a esas mujeres del pasado que se acercaron a nuestra Orden, y a aquellas otras del presente que la honran al sentarse en estas columnas.

Catorce mujeres en treinta y un años. Antes de pasar a analizar sus circunstancias, quisiera traer desde el pasado sus nombres para tenerlas presentes hoy entre nosotros: Dolores Arado de Arias, Elisa Cambreleng de Romero, Clotilde Cerdá, Providencia Hernández Pérez, Antonia Linares, María Macías de Parés, Dolores Marrero de Mendoza, Blanca de Matthey, Guadalupe Mendizábal, Águeda Mendoza Marrero, Dolores Mendoza Marrero, Manuela Reyes de Castro, Elena Tejera de Pestano y Genoveva Vega de Padrón. ¿Cómo es posible encontrar a estas mujeres integradas en diferentes talleres masónicos de la época? Manuel de Paz y Emilia Carmona nos lo aclaran cuando dicen que: “en España y, también en Canarias, hubo cierto desarrollo de la masonería mixta, o sea, de logias formadas por miembros de ambos sexos (…)”[3]. Es decir, que se trataba de Hermanas de pleno derecho que se iniciaban en talleres mixtos sujetos a diferentes obediencias. Si indagamos acerca de quiénes eran estas Hermanas más allá de sus nombres, y analizamos sus circunstancias personales[4], vemos que procedían mayoritariamente de las islas. Así, cinco eran de Tenerife, una de Lanzarote, otra de Las Palmas de Gran Canaria, una había nacido en Cuba, una más declara haber nacido en Suiza, otra en Madrid, otra en Caracas (Venezuela), una más en EE.UU. y de dos desconocemos su origen.

Como era normal entre las mujeres de la época, la mayoría reconocen como profesión la atención de su casa, con la excepción de la concertista de arpa Clotilde Cerdá y de la actriz madrileña Guadalupe Mendizábal. Es difícil saber, por tanto, el extracto social al que pertenecían. Ahora bien, si tenemos en cuenta que muchas de ellas eran esposas de otros masones presentes en los mismos talleres, y que entre éstos predominan los representantes de la burguesía media urbana de las islas centrales, es de suponer que estamos ante mujeres con una cierta instrucción y posición social, burguesas acomodadas cuyas inquietudes intelectuales les llevaron hasta las puertas de nuestra augusta Orden. Los nombres simbólicos que adoptan son siempre femeninos, y reflejan esa preparación intelectual de la que hablamos: Encontramos así a una con nombre simbólico aborigen (Dácila), dos comparten el nombre bíblico "Esther", dos tuvieron nombres históricos (Juana de Arco y Numa Droz[5]), una eligió un nombre mitológico (Electra), dos más fueron de tipo geográfico (Nivaria y Colombia) y uno de tipo simbólico (Adopción). La edad media en el momento de iniciarse a la Masonería era de 27,6 años, siendo las más joven en ingresar de 18 y la mayor de 39. Por otro lado, el tiempo medio de permanencia en las Logias fue de dos años y medio, siendo la estancia máxima de 10 años y la mínima de 1 año. El período de más iniciaciones y presencia femenina es el que va de 1903 a 1905 debido a su notable presencia en las logias Añaza 125/270 de Santa Cruz de Tenerife y Afortunada nº 5 de Las Palmas de Gran Canaria. En cuanto a los grados alcanzados por estas Hermanas, podemos decir que 6 de ellas sólo llegaron al grado de Aprendiz; una, Guadalupe Mendizábal, mereció el aumento de salario y alcanzó el grado de Compañera; tres fueron exaltadas al grado de Maestras de pleno derecho; dos más fueron maestras honorarias y una, María Macías de Parés, alcanzó el grado 30 en 1903. Por último, en lo relativo a su salida de la Orden, dos pidieron su Plancha de Quite, a una se le dio de baja; una más fue baja por pasar al O:. Eterno, se dio licencia ilimitada a otra y en 9 casos se desconoce el modo en que dejan sus talleres.

Las logias en que fueron acogidas se encontraban exclusivamente en las capitales de las dos islas centrales. En Tenerife, en el seno de la R:.L:. Tinerfe 114 encontramos a la masona más antigua, la que tiene el honor de ser la primera de Canarias, si bien a título honorario: Clotilde Cerdá, una destacada concertista de arpa de fama internacional, conocida en el mundo musical como Esmeralda Cervantes, quien se estableció en Tenerife hasta su muerte en los años veinte del pasado siglo. Tinerfe 114 y Teide[6] eran las dos únicas logias que quedaban en la capital tinerfeña entre 1879 y 1895. En 1887 ambos talleres decidieron fundirse en uno y ponerse bajo la tutela de la Gran Logia Simbólica Independiente Española, como Tenerife nº 17, que abatió columnas en torno a 1890. En este contexto fue recibida Clotilde Cerdá con el tercer grado honorario entre 1882 y 1884. El taller que contó con mayor participación femenina de Canarias fue el tinerfeño Añaza 125, luego conocido como Añaza 270 y más tarde como Añaza nº 1. El porqué de ese vaivén de números se explica por el paso de esta logia por diferentes obediencias, algo común en la época. Añaza nace en 1895 con el nº 125 de cuantas componían el Grande Oriente Ibérico, y fueron los HH:. de este taller quienes planearon, costearon y levantaron el templo de la calle San Lucas de Santa Cruz de Tenerife. En 1903 se unen al Grande Oriente Español, tomando el ordinal 270. Más tarde, en 1922, Añaza sería, junto a Abora en Santa Cruz de La Palma y Andamana y Acacia en Las Palmas de Gran Canaria, una de las logias creadoras de la Gran Logia de Canarias (1922-1936), en la que se mantendría hasta el 18 de julio de 1936 como Añaza nº 1. Mientras Añaza dependió de obediencias con alcance nacional acogió a ocho Hermanas, entre ellas la masona que más tiempo estuvo en activo en todo el archipiélago: Dolores Arado de Arias, quien se mantuvo como aprendiz desde 1904 a 1913, año en que pidió su plancha de quite. Con ella estuvieron las Hermanas Elisa Cambreleng de Romero, Providencia Hernández Pérez, María Macías de Parés, Guadalupe Mendizábal, Manuela Reyes de Castro, Elena Tejera de Pestano y Genoveva Vega de Padrón. A comienzos del siglo XX se produjo en el seno de Añaza una fuerte discusión en torno a la conveniencia o no de la participación de las Hermanas en los trabajos del taller. Se sabe que este hecho se unió a otros conflictos internos de la logia, provocando graves tensiones y el abandono del mismo por un grupo de Hermanos y Hermanas. Quizás sea esa la causa de que la mayor parte de estas mujeres han abandonado la Orden en 1905.

En Las Palmas de Gran Canaria encontramos masonas en dos talleres muy diferentes. La logia Prínce of Wales nace en 1900 en el Puerto de la Luz como taller salvaje de clara influencia británica, si bien al año siguiente se acoge al Grande Oriente Ibérico como Príncipe de Gales nº 1, hasta abatir columnas definitivamente en 1902. En este taller pidió trabajo la masona Antonia Linares, natural de Lanzarote, quien se mantuvo como aprendiz durante el año 1901. Una parte de sus miembros contribuye más tarde a levantar las columnas de Afortunada nº 5, del Grande Oriente Español. En Afortunada nº 5 militan entre 1904 y 1905 cuatro hermanas: Dolores Marrero de Mendoza, Blanca de Matthey y Águeda y Dolores Mendoza Marrero. Una de ellas, Blanca de Matthey, pasará a formar parte de la logia Atlántida 285 (una escisión de Afortunada nº 5), hasta 1905.

Hay por tanto presencia femenina en Canarias hasta 1913. Luego nada hasta la recuperación de la Democracia y la reaparición reciente de la Masonería. En 2004-2005 funciona en nuestra ciudad un triángulo femenino, llamado Tara, al que presta su templo la Logia Luz Atlántica del Gran Oriente de Francia, pero no se tienen más noticias al respecto. Por tanto, la primera logia que vuelve a contar con presencia femenina en casi cien años, heredera de la tradición canaria de la Masonería mixta, donde se inician y se forman con normalidad Hermanas de pleno derecho, es nuestro taller, Pensamiento, al que ha seguido otro de similares características en Santa Cruz de Tenerife. Que esta tradición no se interrumpa nunca más.
He dicho.

Fdo.: un M:.M:.


En los Valles de Las Palmas de Gran Canaria, a 9 de octubre de 6006 (V:.L:.).



[1] Paz Sánchez, M. de (1984): Historia de la Masonería en Canarias (1739-1936). Ediciones del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria. S/C de Tenerife.
[2] Paz Sánchez, M. de y Carmona Calero, E. (1995): Canarias: la Masonería. Ayto. de S/C. de Tenerife, Cabildo de Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria. La Laguna (Tenerife).
[3] Op. Cit: 127.
[4] No se cuenta con todos los datos de las catorce Hermanas, como puede verse en la tabla final.
[5] Político suizo (1844-1899). Como se ve en el cuadro adjunto, es el nombre simbólico de la también suiza Blanca de Matthey.
[6] Tinerfe 114 estaba bajo los auspicios del G:. O:. Lusitano Unido. Teide, en cambio, estuvo inicialmente bajo la jurisdicción de la Confederación Masónica del Congreso de Sevilla, para luego pasar a la de la G:. L:. Simbólica Independiente Española.